La Teología & La Predicación del Apocalipsis

La Teología del Apocalipsis



El libro del Apocalipsis pone de manifiesto su unidad con el Nuevo Testamento y con el resto de las Escrituras a través de su congruencia doctrinal. Aunque sobresalen la escatología y la cristología, el Apocalipsis abarca una amplia gama de las enseñanzas teológicas de la Biblia.

Doctrina de Dios: La doctrina de la Trinidad sobresale en el Apocalipsis, pero al mismo tiempo hay un énfasis en la unidad esencial de Dios. Juan desea «gracia y paz» a sus lectores: «del que es y que era y que ha de venir», es decir, Dios el Padre; «de los siete espíritus que están delante del trono», esto es del Espíritu Santo; «Y de Jesucristo el testigo fiel», es decir, de nuestro Señor Jesucristo (1 :4, 5).

Además, Dios es visto como el Soberano Creador (Ap. 4: 11) quien es digno de recibir «la gloria y la honra y el poder
», tanto por ser el Creador como el Sustentador providencial del universo (véase también 10:6). También Dios es visto como el Rey y Juez del universo. En Apocalipsis 4:2, Juan ve «en el trono a uno sentado» lleno de majestad y gloria (4:3-5). Ese que está sentado en el trono es adorado, servido y temido (véase Ap. 5:1; 7:15). Él es quien hace nuevas todas las cosas (Ap. 21:5) y de su trono fluye la bendición como «un rfo limpio de agua de vida» (Ap. 22:1). Hay que añadir que Dios es reconocido como el «Todopoderoso» (ho pantokrátor). En todo el Nuevo Testamento, este vocablo sólo se encuentra en el Apocalipsis y destaca el poder soberano de Dios(véase Ap. 4:8; 11:17; 15:3; 16:7, 14; 19:6, 15).

El Apocalipsis también destaca la gloria de Dios (véase 4:11; 7:12; 19:2). Dios es glorificado por los que están alrededor de su trono, quienes le adoran de día y de noche. En Apocalipsis 15:8, «el templo se llenó de humo por la gloria de Dios» (véase 1 R. 8:10, 11). En Apocalipsis 14:7, el ángel «que tenía el evangelio eterno» vuela por toda la tierra y llama a todos a temer a Dios y darle gloria. La Nueva Jerusalén tiene la gloria de Dios (Ap. 21:11) y no tiene necesidad de sol ni de luna 
«porque la gloria de Dios la ilumina» (Ap. 21:23).

La santidad de Dios: La santidad es esencialmente un atributo de Dios. Significa que Dios posee perfección absoluta en todos sus detalles. Él está completamente separado del mal tanto en su persona como en el trato con sus criaturas. En Apocalipsis 4:8 dice que los cuatro seres vivientes «no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir». En Apocalipsis 6:10 se habla de Dios como «Señor, santo y verdadero». En 15:4 dice: «pues sólo tú eres santo
» y en 16:5 se le designa como «el Santo» (ho hósios), es decir, «el Puro» o «el Santo». Es importante observar que el libro del Apocalipsis presenta el mismo concepto de la santidad de Dios que aparece en el Antiguo Testamento (véanse Is. 6:3; Lv. 11:44, 45).

La justicia de Dios: Esta característica de Dios se relaciona estrechamente con su santidad. Significa que todos los actos de Dios armonizan perfectamente con su santidad. En el Apocalipsis, la justicia de Dios se pone de manifiesto en sus juicios (Ap. 15:4; 16:5). Según 16:7, sus «juicios son verdaderos y justos». En 19:11, el Señor Jesucristo no sólo es «Fiel y Verdadero» sino que también es Aquel que «con justicia juzga y pelea», y en 15:3 se afirma que los caminos del Señor Dios Todopoderoso son 
«justos y verdaderos».

Dios y su relación con el mundo: El Apocalipsis presenta de manera enfática a Dios como el Soberano, Todopoderoso y Creador del universo (véase Ap. 1:8; 4:8; 11:17; 15:3; 16:7, 14; 19:6, 15; 21:22). El vocablo Todopoderoso sugiere el hecho de que todas las cosas en el universo dependen de Él. Dios es ·el Creador de todas as cosas y por su voluntad todas las cosas existen (Ap. 4:11). El Apocalipsis pone de manifiesto que la enseñanza de Dios como creador no es cuestión sólo de unos pocos capítulos en el libro de Génesis. Además, el Apocalipsis refuta el concepto evolucionista del origen del universo (Ap. 5:13). El mundo que ahora está en un estado de rebeldía contra Dios será sometido bajo su autoridad cuando los reinos del mundo sean hechos de nuestro Señor y de su Cristo y Él reine por los siglos de los siglos (Ap. 11: 15).

Cristología en el Apocalipsis: El libro del Apocalipsis es «la revelación de Jesucristo» y, por lo tanto, un tratado eminentemente cristológico. El libro tiene que ver con la manifestación del Cristo glorificado en contraste con su humilde presentación al mundo en su primera venida. Puesto que el énfasis recae sobre el Señor glorioso y resucitado, hay poco respecto a su humanidad en el Apocalipsis. No obstante, es visto como a «uno semejante al Hijo del Hombre» (Ap. 1:13, cp. Dn. 7:13). La mención de su muerte (Ap. 1:7, 18) y el hecho de que es «la raíz de David» y el «Cordero como inmolado» (Ap. 5:5, 6), son claras referencias a su humanidad.

El peso de la enseñanza cristológica del Apocalipsis recae, sin embargo, sobre el tema de la Deidad de Cristo. Él declara: «Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso» (Ap. 1:8). El es «el Hijo de Dios» (Ap. 2:18) que significa que participa de la misma sustancia con el Padre. Según Apocalipsis 3:7, Él es «...el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre
». En este versículo, Cristo se identifica como «el Santo» en sentido absoluto y «el Verdadero», también en sentido absoluto, algo que sólo Dios puede reclamar para sí. Por lo menos, en cuatro ocasiones se le atribuye a Cristo el título de Señor (Ap. 1:8; 11:8; 17:14; 19:16). En las últimas dos referencias se dice que Él es «Rey de reyes y Señor de señores». Tal afirmación pone de manifiesto que es el Rey Mesías victorioso sobre todos sus enemigos.

El Apocalipsis tiene mucho que decir tocante a la resurrección de Cristo. En Apocalipsis 1:5, Él es «el primogénito de los muertos
». En 1:18 se describe como «el que vivo, y estuve muerto; ... Y tengo las llaves de la muerte y del Hades». Donald Guthrie, vice rector del London Bible College, dice:«El triunfo final del Cordero en este libro muestra la consumación final del Cristo resucitado, es decir, el juicio final de aquel que tenía el poder de la muerte (el diablo, 20:2, 10) y la destrucción decisiva de la Muerte y el Hades (20:14)» [Donald Gutbüe, New Testament Theology, p. 389].

Ya se ha mencionado que el tema central del Apocalipsis gira alrededor de la persona del Cristo resucitado y glorificado. El es tanto 
«el León de la tribu de Judá» (Ap. 5:5) como el «Cordero» que está en medio del trono y de los cuatro seres vivientes y en medio de los ancianos (Ap. 5:6). El recibe la misma alabanza, honra, gloria y poder que el que está sentado en el trono (Ap. 5:13). Él es «Fiel y Verdadero» (Ap. 19:11), «el Verbo de Dios» (Ap. 19:13) y el «Rey de reyes y Señor de señores» (Ap. 19: 16). Es la lumbrera que ilumina la ciudad celestial (Ap. 21:23) y su trono junto con el del Padre estará en la Ciudad Santa (Ap. 22:3).

Doctrina de la salvación (Soteriología): La obra salvadora de Cristo se enseña con claridad en el Apocalipsis. En Apocalipsis 1:5 se menciona el hecho de que Él «nos lavó de nuestros pecados con su sangre
». Se habla de Él como el Cordero 29 veces en el Apocalipsis. En Apocalipsis 5:6 se menciona que «estaba en pie un Cordero» y luego dice «como inmolado». Esas dos expresiones describen la muerte y la resurrección de Cristo por nuestros pecados.

El Apocalipsis termina con una de las más maravillosas invitaciones que un ser humano pudiera recibir: «Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida
gratuitamente» (Ap. 22: 17). Este versículo está en plena consonancia con el resto de la Biblia en cuanto a que la salvación es un regalo de Dios para todo aquel que pone su fe en Jesucristo. No hay méritos humanos, ni religión, ni liturgia capaz de conseguir el favor de Dios. Los únicos méritos válidos son los de Jesucristo.

Doctrinas del hombre y del pecado (Antropología y Hamartiología): Estas dos doctrinas también aparecen en el Apocalipsis. El hombre como tal es ubicado dentro de «todo lo creado» (Ap. 5:13) y se le clasifica como «morador de la tierra». La frase «los que moran en la tierra» (ton katoikoúntón epi tes ges) aparece varias veces en el Apocalipsis (véase Ap. 3:10; 6:10; 8:13) y describe a un ser que mental, material y emocionalmente está arraigado en la tierra. El hombre aparece en su rebeldía manifiesta contra Dios, aun cuando se ve seriamente afectado por los justos juicios de Dios (Ap. 9:18-21; 16:9, 21). La doctrina de la depravación total del hombre se revela en el Apocalipsis como en ningún otro libro de la Biblia.

Doctrina de las Escrituras (Bibliología): Aunque no aparece ninguna cita directa del Antiguo Testamento en el Apocalipsis, es sorprendente observar que de los 404 versículos que componen el libro, hay 278 que contienen alusiones a las Escrituras veterotestamentarias. Y si tomamos en cuenta que estas alusiones al Antiguo Testamento tienen a la vez referencias a otros pasajes del mismo periodo, hablamos en realidad de más 500 referencias veterotestamentarias. Puede decirse que todo el libro pone de manifiesto que su autor estaba bien compenetrado con las Escrituras hebreas.

En todo momento el autor da a entender que está escribiendo por mandato divino. Escribe todo lo que Dios le revela. En el capítulo 10, el librito, que sin duda simboliza la revelación de Dios, es comido por el autor, y amarga su vientre pero endulza su paladar. Por último, como profeta afirma escribir palabras «fieles y verdaderas» (Ap. 22:6).

Doctrina de los ángeles (Angelología): El ministerio de los ángeles es muy importante en el Apocalipsis. Son usados como mensajeros para comunicar el mensaje apocalíptico a Juan. También aparecen en las escenas celestiales de los capítulos 4 y 5. Son quienes tocan las siete trompetas del juicio en los capítulos 8 al 11 y los que derraman las copas en los capítulos 15 al 16. Ningún otro libro de la Biblia muestra una actividad angelical mayor que el Apocalipsis.

Doctrina de la Iglesia (Eclesiología): El Apocalipsis históricamente va dirigido a siete iglesias o asambleas locales situadas en el Asia Menor, hoy Turquía. Los capítulos 2 y 3 contienen enseñanzas prácticas, éticas y exhortativas dirigidas a las iglesias.

Es importante observar que en el capítulo 1 del Apocalipsis, el Señor se revela como el que está «en medio de los siete candeleros» (Ap. 1:13). Esos candeleros representan las siete iglesias (Ap. 1:10), en medio de las cuales el Señor «anda» (ho peripaton). El participio usado transmite la idea de caminar como un centinela que patrulla algo que está bajo su cuidado.

La mayor contribución que el libro del Apocalipsis hace a nuestro entendimiento de la Iglesia está en la esfera de la adoración. Hay muchos pasajes de naturaleza litúrgica que comunican una forma de adoración celestial, los cuales bien pudieron servir de modelo para la adoración en la Iglesia.

Un detalle de interés que se ha sacado fuera de toda proporción, es el hecho de que el vocablo «iglesia
» (ekklesía) no se menciona después del capítulo 3 del Apocalipsis hasta que aparece en la forma de la esposa del Cordero en Apocalipsis 19:7, 8. Concretamente, el sustantivo «ekklesía» reaparece en Apocalipsis 22:16. La ausencia de dicho vocablo de los capítulos 4 al 18 que tratan específicamente de la gran tribulación, ha dado pie para que los pretribulacionistas enseñen que la Iglesia como tal no estará presente en la tierra durante este traumático tiempo. Aunque a través del Apocalipsis la palabra «santos» aparece con bastante frecuencia, los pretribulacionistas lo entienden como un vocablo general que se refiere a los redimidos de todas las edades y no una referencia a la Iglesia como cuerpo de Cristo.

El estudiante del Apocalipsis debe prestar especial atención a este error. Si buscamos un pasaje que ilustre fuera de toda discusión qué es la Iglesia de Cristo, lo encontramos en Apocalipsis 7:9-17. Nótese que este pasaje no menciona la palabra Iglesia, sin embargo, la describe perfectamente. Y nótese que la Iglesia aparece en el cielo después de que se han roto o abierto los seis primeros sellos del rollo del Cordero (Ap. 5-6), sellos que describen la gran tribulación mencionada y descrita por el Señor Jesucristo mismo en Mateo 24. En este capítulo del evangelio de Mateo el Señor describe, además, su venida y el arrebatamiento de los santos con estas palabras: 

«E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo [la segunda venida del Señor] sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro» [la resurrección y el arrebatamiento] (Mt. 24:29-31) . 

El énfasis del Apocalipsis es individual. Cada carta a la siete iglesias termina con un llamamiento individual (véase Ap. 2:7; 11; 17; 27-29; 3: 6; 13; 22). La Iglesia colectivamente no es mencionada durante la gran tribulación, porque la salvación es un tema personal, que cada santo debe asegurar con su Salvador. 

Doctrina de Satanás (Satanología/Demonología): La enseñanza respecto a Satanás, su ministerio y su reino inicuo, aparece repetidas veces en el Apocalipsis. El sustantivo Satanás significa «adversario
». Dicho sustantivo aparece en Apocalipsis 2:9, 13, 24; 3:9; 12:9; y 20:2, 7. Además, Juan usa el vocablo diablo, que significa «acusador», en Apocalipsis 2:10; 12:9, 12; y 20: 10. También utiliza las figuras «dragón» en Apocalipsis 12:3; 13:2; 20:2; y «serpiente antigua» en Apocalipsis 12:9, 14, 15; y 20:2.

No es probable que 
Apocalipsis 9:11 sea una referencia a Satanás. Allí se usan los vocablos «Abadón» y «Apolión», que significan «destructor». Este es el nombre (en hebreo y griego respectivamente) del «ángel del abismo»,  el rey de las criaturas grotescas y mortíferas que atormentan a la humanidad por un periodo de cinco meses (Ap. 9:4, 5). Este es otro príncipe angelical que no debe confundirse con  Satanás.

Dos actividades más atribuidas a Satanás son las de: (1) Engañar al mundo entero (Ap. 12:9); y (2) acusar a los creyentes delante de Dios día y noche (Ap. 12: 10). El Anticristo escatológico que ha de actuar durante la tribulación recibirá su poder del dragón, es decir, del mismo Satanás (Ap. 13:2).

En Apocalipsis 20:1-10 se enseña que Satanás y su reino serán derrotados de manera total. El Rey de reyes y Señor de señores triunfará de manera absoluta. El falso reino satánico, reino de tinieblas y de maldad, será destruido para siempre.

Doctrina de las últimas cosas (Escatología): El libro del Apocalipsis es fundamentalmente escatológico. Sin dejar de hablar a los cristianos de todas las épocas, sin perder su carácter práctico para los creyentes de los primeros siglos y tiempos posteriores, el Apocalipsis es un libro consumador. Su contenido y su mensaje tienen que ver de forma fundamental con los acontecimientos relacionados de manera directa con la venida en gloria de Cristo a la tierra y con el establecimiento del nuevo orden mundial que el Señor traerá con la manifestación en la historia de su reino de paz y
de justicia.

La segunda venida en gloria de Cristo será personal, corporal, visible, gloriosa y judicial (véanse Ap. 1:7, 8; 11:15-19; 14:14-20; 15:3, 4; 17:14; 19:11-21). La manifestación de Jesucristo pondrá fin a los tiempos de los gentiles (Dn. 2, 7) y los reinos del mundo vendrán a ser del Señor y de su Cristo, quien reinará por los siglos de los siglos (A p. 11: 15).

Aunque en Apocalipsis 20 se repite el hecho de que el Señor reinará mil años, debe entenderse que, esos mil años se refieren al aspecto terrenal e histórico del reinado del Mesías. Él es rey eterno y como tal, su reino no tiene fin. Pero hay un aspecto terrenal de su reinado en el que su gloria y sus atributos se manifestarán dentro de la estructura del tiempo.

El Apocalipsis presta especial atención a los juicios que precederán la venida de Cristo. Estos juicios son universales: es decir,  guardan relación con la Iglesia, con la nación de Israel, con los gentiles que han rechazado el mensaje de la gracia de Dios (véase Ap. 6-12), y con los principados y potestades, los gobernadores de las tinieblas de este siglo, las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes que influyen tanto en las naciones como los individuos para promover el propósito de Satanás (véase Ef. 6:12).

También da atención al ministerio del hombre de pecado, es decir, el falso profeta o Anticristo (Ap. 13) y al juicio de su reino de tinieblas (Ap. 16). De igual manera, hay un enfoque dramático de la destrucción del sistema de pecado simbolizado por  la Babilonia mística (Ap.17) y la literal (Ap. 18).

Como se ha observado antes, el Apocalipsis culmina con la cruenta destrucción de los enemigos del Mesías (Ap. 19), el establecimiento de su reino glorioso (Ap. 20) y la exhibición de la renovación de tanto los cielos como de la tierra (Ap. 21-22). E
l Apocalipsis concluye con una majestuosa y breve descripción de la vida en la eternidad. 

Prácticamente todos los temas proféticos reciben atención en el libro del Apocalipsis: Los juicios, los galardones, la resurrección para vida, la resurrección para condenación, el juicio final, el castigo eterno, la Jerusalén celestial, el estado de condenación eterna para los inicuos y el disfrute de la vida eterna para los redimidos. En resumen, que el libro del Apocalipsis es la sección escatológica del Nuevo Testamento por excelencia. 

La Predicación del Apocalipsis 

Aunque no es una tarea fácil, la predicación expositiva del Apocalipsis debe constituir un reto y una meta para todo pastor. Este libro se debe exponer con sobriedad, claridad y paciencia, tanto desde el aspecto doctrinal como práctico.  

Como se ha dicho con anterioridad de manera reiterada, el Apocalipsis tiene mucho que ver con la persona de Cristo: Su muerte, su resurrección, su relación con la Iglesia, su gloria presente, su segunda venida, su gloria mesiánica y su gloria eterna. 

Debe reconocerse sin ambages que el libro tiene mucho que decirle a la iglesia local. Las cartas a las siete iglesias en los capítulos 2 y 3 proporcionan un material expositivo de un valor incalculable y de gran actualidad. Los factores doctrinales, prácticos y éticos, al igual que los reconocimientos, las reprensiones, el llamado al arrepentimiento y las promesas de bendiciones, constituyen una fuente riquísima de material expositivo que el predicador sabio y prudente debe aprovechar. Pero sin duda, la totalidad del libro debe ser expuesto sistemáticamente a la Iglesia. Cada capítulo revela el desarrollo del plan de Dios hasta el día de la gran consumación de todas las cosas. 

No se debe pasar por alto el hecho de que el Apocalipsis presenta un ambiente de conflicto: El reino glorioso de Dios en conflicto con el reino fraudulento y malvado de Satanás; los santos ángeles de Dios contra los demonios agentes del diablo; los santos que heredarán la tierra contra los hombres arraigados en la tierra que siguen la idolatría; el dragón (Satanás) que persigue la simiente de la mujer (el Israel de Dios); los reyes de la tierra encabezados por el Anticristo hacen la guerra al Cristo victorioso. Estos y otros antagonismos aparecen a través del Apocalipsis. 

El libro es fundamentalmente profético y escatológico, es decir, tiene que ver con la consumación de los planes y propósitos de Dios. Enseña que la victoria final es el Señor y Él establecerá el mejor de los mundos. Todas sus promesas se cumplirán  su propósito original para con el hombre se realizará plenamente. 

El predicador y expositor del Apocalipsis debe esforzarse por ser congruente en su exposición. Debe seguir una hermenéutica normal, natural, histórico-cultural y gramatical que tome en cuenta el uso del lenguaje figurado y los símbolos utilizados en el Apocalipsis y los interprete siguiendo las normas gramaticales y literarias dentro del contexto del libro. 

Por último, el expositor del Apocalipsis debe tener en cuenta de que este libro tiene que ver con el cumplimiento específico de profecías veterotestamcntarias. De manera que debe familiarizarse con dichas profecías. Un conocimiento del Pentateuco, las profecías de Isaías, Daniel, Ezequiel, Zacarías, Joel y otros es indispensable para una exposición adecuada del Apocalipsis. 

Resumen y Conclusión 

El libro del Apocalipsis ocupa un lugar especial en el canon de las Sagradas Escrituras. Con él se concluye la revelación escrita que Dios ha dado a su pueblo.  Este libro aporta la respuesta final a la pregunta: «¿Quién es en realidad el Soberano el universo?». Es cierto que el Apocalipsis está repleto de lenguaje figurado y de símbolos propios de la literatura apocalíptica. Sin embargo, no se debe interpretar como alegórico, espiritual o simbólico. El Apocalipsis comunica su mensaje con eficacia y congruencia cuando se interpreta de manera normal o natural, y se toma en consideración las figuras literarias dentro de su ambiente histórico, cultural, teológico y literario. 

El Apocalipsis es un libro profético (Ap. 1: l-3) y consumador. Concierne de forma primordial a la segunda venida de Cristo en gloria y a los acontecimientos que le preceden de manera inmediata, los que acompañan su venida y los que ocurren inmediatamente después. 

Este libro enseña que Jesucristo es el Soberano, Rey de reyes y Señor de señores (Ap. 19:16). Si bien es cierto que ha existido una larga controversia tocante a la paternidad literaria del Apocalipsis, partiendo de los tiempos de Dionisio de Alejandría (mediados del siglo III d.C.), también es cierto que la escuela conservadora reconoce al apóstol Juan como el autor de dicho libro. El Apocalipsis ha estado sujeto a diferentes interpretaciones. Al ser un libro apocalíptico su contenido se expresa mediante símbolos y una extensa variedad de figuras de dicción. Hay quienes han optado por alegorizar muchos de los pasajes del Apocalipsis. Lo más sensato, sin embargo, es interpretarlo de manera normal o natural por tomar en cuenta el ambiente literario del libro. Las figuras literarias no deben interpretarse de manera figurada ni los símbolos deben entenderse de forma simbólica, sino que el significado de ellos debe obtenerse del empleo de una hermenéutica gramático-histórico-cultural. El intérprete tiene la responsabilidad de desentrañar el mensaje del Apocalipsis contestando la pregunta: ¿Qué es lo que el autor original pretendió decir cuando escribió este libro? 

El Apocalipsis no es un libro de curiosidades. Es el libro con el que culmina la revelación escrita de Dios. El Apocalipsis pone de manifiesto cómo Dios ha de consumar su plan soberano respecto a su creación y a sus criaturas. El libro es, por encima de todo, la revelación de Jesucristo. Es el descorrer del velo para que el Mesías sea visto en toda su gloria. Además, el Apocalipsis cubre casi toda la gama de las doctrinas cristianas: Teología propia, cristología, soteriologia, eclesiología, angeleología, hamartiología, bibliología, antropología y por supuesto, escatología. 

El Apocalipsis es, sin duda, un libro de suma importancia para la Iglesia y para el mundo hoy.


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